Historias cortas para nutrir el alma

Cuenta una historia antigua que, en uno de sus recorridos por el mundo, se encontraron un filósofo y un monje. Caminaron juntos por un sendero intercambiando ideas y perspectivas hasta que llegaron a un denso bosque. Cuando se internaron en el bosque cayó la noche y, como no encontraban la manera de salir, se vieron obligados a reconocer que estaban perdidos. Al poco rato comenzó una tormenta y, mientras el filósofo miraba al cielo para tratar de entender el origen de los relámpagos, el monje simplemente estaba presente observando lo que sucedía a su alrededor. Al encontrase buscando respuestas sobre fenómeno natural, el filósofo perdió la oportunidad de salir del bosque; en contraste, el monje aprovechó la conveniencia de la luz que le ofrecían los relámpagos para encontrar de nuevo su camino.

Como el filósofo de la historia, a veces nos perdemos en nuestros pensamientos y tendemos a dar vuelta al origen de los sucesos una y otra vez. Se nos olvida estar presentes y poner atención a lo que sucede a nuestro alrededor. Muchas de las respuestas no las puede ofrecer la mente racional porque el cerebro es un órgano que trabaja por asociación. Es decir, si nunca hemos vivido una situación similar a la que nos acontece, la mente racional no encontrará soluciones porque no tiene contra qué comparar. Cuando la mente racional no encuentra elementos contra los que pueda equiparar o asociar lo que sucede a nuestro alrededor nos llenamos de miedo, sentimos que hemos perdido el control porque no sabemos cómo actuar y nos paralizamos.

Por eso la recomendación de los sabios es vivir en el aquí y en el ahora, sentir que estamos presentes con todo nuestro cuerpo, mente y espíritu en este preciso instante. La vida no te sucede, la vida simplemente sucede «para ti» y cada suceso es una oportunidad de crecimiento y transformación. La vida no te sucede pero sí sucede «para ti». Mira cada día de tu vida con ojos nuevos, con los ojos de un niño que aún no ha construido patrones de comportamiento ni historias mentales sobre lo que ocurre a su alrededor. Disuélvete en el presente y te aseguro que, más temprano que tarde, un relámpago de luz iluminará el camino que debes seguir.


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