¿Cómo fortalecemos nuestro sistema inmunológico?

Por Ximena Yáñez Soto

El estrés es una respuesta de nuestro cuerpo para salvarlo en condiciones de vida o muerte. Cuando una situación «temporal» amenaza nuestra vida, nuestro sistema nervioso simpático cambia la química del cuerpo para activar el modo de «correr, pelear o congelarnos»: los órganos internos reciben menos sangre (y por lo mismo menos oxigenación) para canalizar esa sangre a las piernas y los brazos; las glándulas suprarrenales liberan la hormona cortisol cuyas funciones principales son incrementar el nivel de azúcar en la sangre (combustible favorito de nuestras células y nuestro cerebro) y suprimir el sistema inmunológico; nuestra mente consciente (corteza cerebral frontal) se apaga para dar paso a los instintos gobernados por el cerebro reptiliano, y nuestro cuerpo detiene cualquier proceso de sanación o renovación porque lo importante es salir cuanto antes de la emergencia. Aún si estuviéramos pasando por algún proceso infeccioso, nuestro cuerpo dará prioridad a la emergencia, canalizará la sangre a las extremidades y suprimirá el sistema inmunológico. Esta respuesta es un maravilloso ejemplo de la inteligencia del cuerpo humano para aprovechar eficientemente la energía y canalizarla a nuestra supervivencia. De hecho, eso es lo que siempre están haciendo nuestras células y órganos: trabajar para mantenernos vivos.

A pesar de que nuestro cuerpo es un maravilloso modelo de supervivencia, el sistema nervioso autónomo siempre responde a lo que sucede en nuestra mente. El cuerpo no tiene manera de saber si la situación que atravesamos -y que nos provoca estrés- es real o es solo nuestra imaginación. La activación de la respuesta «correr, pelear o congelarnos» sucede de la misma manera si nos está persiguiendo un oso, si estamos ansiosos porque vamos a llegar tarde a una junta importante, si estamos discutiendo con nuestra pareja, si estamos recordando eventos dolorosos o si nos estamos imaginando una discusión (que aún no ha sucedido) con algún compañero de trabajo. En todas estas situaciones el sistema nervioso autónomo se prepara para entrar en modo «simpático» y la consecuencia más grave es que, hoy en día, vivimos estresados y con el sistema inmunológico mermado. A veces cuesta mucho trabajo creer que el estrés tenga un impacto a nivel físico y en nuestro sistema inmunológico, pero es una práctica vital en cirugías mayores -como transplantes de órganos- administrar medicamentos para estresar el cuerpo y evitar que el sistema inmunológico ataque el órgano nuevo.

Para fortalecer nuestro sistema inmunológico no basta con comer sano y hacer ejercicio, también es necesario buscar momentos que activen la otra cara de la moneda del sistema nervioso autónomo: el sistema «parasimpático» que se encarga de los procesos de digestión, descanso y reparación. Nuestro cuerpo solamente puede estar en alguno de esas dos modalidades; o el simpático o el parasimpático. Este conocimiento fue utilizado en culturas ancestrales para desarrollar prácticas integrales que fortalecen la relación entre cuerpo, mente y espíritu y cultivan la energía y la mente consciente, como el Qigong, el Tai Chi y el Yoga. Una práctica consistente ayuda a activar el sistema parasimpático y a mejorar la oxigenación y, por lo mismo, tener un cuerpo más fuerte y mejor preparado para enfrentar cualquier enfermedad de índole infeccioso.

En Internet puedes explorar opciones que te ayudarán a hacer la transición de una vida estresante a una vida saludable, consciente y en armonía con el mundo que te rodea. Te invito a que te comprometas con la práctica que más te guste y mejor te acomode y, durante la misma, mantengas tu atención enfocada en la respiración. Encontrarás desde programas personalizados hasta muy buenos maestros que ofrecen clases gratuitas como Elena Malova que es maestra de Yoga y tiene un canal en YouTube con cientos de videos que cubren muchas necesidades.

Lo importante es que sepas que sí existen herramientas que te pueden ayudar a mejorar tu salud, que está el ti la decisión de empezar una práctica consciente y consistente para vivir una vida libre de estrés crónico y que tú eres el arquitecto de tu propio destino.


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